“Historia de Diván”: emoción, reflexión y una experiencia sublime

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FOTO: PRENSA DE HISTORIAS DE DIVÁN

Aquí mi crítica-opinión sobre Historias de Diván

“Debido a los distintos sentimientos en las situaciones que se plantean en esta obra teatral, les pido apagar sus celulares y abrir todos los caramelos en esta momento para que los actores luego no se distraigan con los ruidos” inauguró Rolón el escenario de domingo por la noche en el teatro La Comedia.

Lógicamente, pidió lo que se sugiere en todos los espectáculos pero lo hizo de una manera humilde y sencilla, logrando la obediencia casi absoluta de una sala repleta. Cualquier artista puede sentirse afectado por los molestos ruidos de mensajes de textos o envoltorios de golosinas, pero lo cierto que aquí se ponía en “peligro” algo más que la distracción. Gabriel hablaba de la compenetración, de los artistas y el público como testigo, que se logró durante una hora y media en cada una de las historias interpretadas.

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Mi profesora de teatro siempre me decía que era más difícil hacer reír que llorar, pero viendo Historias de Diván no sentí que se buscaba el llanto de los espectadores, sino la emoción, el sentir lo que se está viviendo arriba del escenario.

Por primera vez vi actuar a este psicólogo que en los últimos años se hizo tan reconocido (no me gusta decir famoso cuando hay reconocimiento de labor), y me llevé una grata sorpresa. Vale destacar que Rolón hizo de Rolón y eso no tiene una complejidad mayor, pero no siempre es fácil verse a si mismo y lograr interpretar un papel tan personal e íntimo para Gabriel. Abrir las puertas de su consultorio, hablar de momentos importantes de su vida y mostrar a dos de sus pacientes más impactantes.

Las historias hacen sentir en cada momento, risas y ese ruido de nariz tapada, producto de la emoción. Ni hablar ccuando las luces se encienden porque la obra terminó, y se observan a más de uno con sus pañuelos y lágrimas en los ojos. Pero repito, no cae Historias de Diván en el golpe bajo, sino en los sentimientos compartidos, en un clima silencioso dónde el mayor protagonista es el psicoanálisis.

Quiero mencionar en esta columna la escenografía. Aquí la delicadeza, los colores y las imágenes proyectadas en una pantalla gigante, crean el clima y acompañan las historias.

Sin lugar a dudas, las historias contadas están autorizadas por sus protagonistas y familiares, de hecho el psicólogo reconoce haberlos tenido en la sala en el momento del debut emocionados y abrazados arriba del escenario.

Debo reconocer que viví una excelente experiencia como espectador y como periodista, y destaco el gran trabajo actoral de Alejo García Pintos, Malena Rolón y la participación especial de Roberto Catarineu.

Recomendable. Teatro la Comedia

 

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